Qué sonriente llegaste, siempre 3 minutos tarde. De reloj.
Caderas bamboleantes, pechos sugerentes y lengua... juguetona.
Extremadamente lábil, llena de defectos y aun así...
¿Vino tinto esta vez? ¿Qué celebramos?
La Vida.
Esa camisa transparente no dejaba lugar a la imaginación, la silueta de tus pezones dejaban claro que esa noche no te pusiste sujetador, no te ibas a andar con chiquitas.
Y hablando de chiquitas.... La mía no estaba nada pequeña.
Tus ojos y labios ya me decían las ganas que tenías de metértela en la boca.
Pusiste música y te pusiste a bailar. El giro de tus caderas era más hipnotizante que cualquier péndulo colgado de la mejor cadena. El roce de tus glúteos no hacía otra cosa que aumentar mi erección.
El vino... qué atonte más tonto, tonta.
Abierta de piernas con los leggins ajustados y esa postura que te hace un canalillo que no puedo dejar de mirar.
"Esta canción no me gusta"
Cambio. Ya estabas encima de mí.
Qué rápido acabó la ropa en el suelo. Qué rápido movías tu lengua por mis nalgas, mientras me masturbabas y veía tu reflejo en el espejo.
Me encanta sentir tus labios besándome la barriga mientras bajas, con esos mordiquitos que... ay.
"Hoy quiero aquí..." dijiste mirándome desde abajo, con la boca abierta y pasando tu lengua por los labios.
Pero aún no tocaba.
Quería penetrarte hasta hacerte estremecer de placer. Sentir tus piernas temblando en mis hombros.
Quería verte saltar sobre mí. Ese ángulo perfecto en el que tus pechos botan de tal manera que me vuelven loco.
Quería sentir tan húmeda mi boca seca.
Ay... menos mal que no tienes uñas, aun siendo tan gata.
Miau, de rodillas.
Los besos y caricias con la lengua me encantaban... Pero ver como te mueves es de otro mundo. Arriba, y tus pechos envolvían mi pene.
Abajo, y tus labios me transportaban a otra dimensión.
Con tu pelo agarrado sintiendo todos los movimientos de tu cabeza me hiciste llegar al cielo.
Y ahora me despierto, como si de un capítulo de los serrano se tratase, tirado en mi sofá con un cigarro en la mano que casi incendia mi casa y una erección que no pienso desaprovechar.
jueves, 27 de febrero de 2020
lunes, 24 de febrero de 2020
Apocalipsis
Rápido, tenemos que escondernos en este edificio.
Ya quedaban pocos lugares seguros en la ciudad... y donde me sentía yo más segura era entre tus brazos...y piernas.
Qué sexy te pones cuando sonríes aun sabiendo que vamos a morir. Y yo tengo claro cómo quiero morir.
No queda comida. No queda agua.
Hace tanto calor que el sudor empapa mi camiseta, tanto que se transparenta a la perfección la silueta de mis pezones.
Esos pantalones cortos tuyos tampoco disimulan tu erección.
"¡Ay, cariño, que si viene el fin del mundo nos pille en un orgasmo!"
Esos últimos besos en el cuello con tu lengua recorriendo mi escote. Tu lengua juguetona que lucha con la mía.
Me encanta que me des esos mordisquitos suaves en el labio... Me encanta que tu última comida... sea yo.
Ya no necesitamos condón.
Siento como se humedecen mis muslos y tus manos se escurren entre ellos. Siento cada una de las embestidas.
Lástima que esos azotes atrajeran a "los otros"
Lástima que mis gemidos que culminando aquel orgasmo desvelaran la posición exacta en la que debíamos morir, sintiéndote tan dentro de mí...
Ya quedaban pocos lugares seguros en la ciudad... y donde me sentía yo más segura era entre tus brazos...y piernas.
Qué sexy te pones cuando sonríes aun sabiendo que vamos a morir. Y yo tengo claro cómo quiero morir.
No queda comida. No queda agua.
Hace tanto calor que el sudor empapa mi camiseta, tanto que se transparenta a la perfección la silueta de mis pezones.
Esos pantalones cortos tuyos tampoco disimulan tu erección.
"¡Ay, cariño, que si viene el fin del mundo nos pille en un orgasmo!"
Esos últimos besos en el cuello con tu lengua recorriendo mi escote. Tu lengua juguetona que lucha con la mía.
Me encanta que me des esos mordisquitos suaves en el labio... Me encanta que tu última comida... sea yo.
Ya no necesitamos condón.
Siento como se humedecen mis muslos y tus manos se escurren entre ellos. Siento cada una de las embestidas.
Lástima que esos azotes atrajeran a "los otros"
Lástima que mis gemidos que culminando aquel orgasmo desvelaran la posición exacta en la que debíamos morir, sintiéndote tan dentro de mí...
domingo, 9 de febrero de 2020
Voluntad
Aquella noche hacía frío, pero dentro de mi ropa sentía puro fuego.
Mientras tú me dedicabas un orgasmo desde tú casa yo humedecía ese tanga negro de encaje de imaginar tu pene recorriendo los rincones de mi cuerpo y, ay, qué bien voy a dormir esta noche...
"¿Nos tomamos otra?" Dijiste después de 2 deliciosas cervezas tostadas.
Pero a mí me apetecía otra cosa húmeda recorriendo mi garganta...
"Mejor vamos a tu casa".
Todo parecía cambiado, más color, menos romanticismo y más tensión.
Uy, esa gotita de cerveza que se me escurre por los labios, la barbilla, el cuello y...el canalillo. Ese delicioso canalillo que no te cortabas ni un pelo en mirar.
"Mira que suaves mis medias"
Y tu mano recorría mis muslos mientras yo rezaba para que avanzara y notara lo húmeda que estaba.
Pero parabas en el momento justo.
"Dame un masaje"
¿Quién me iba a decir que funcionaría?
"Pero sentada no, mejor me tumbo..."
Y tus manos fueron derechas a desabrocharme el sujetador. Te sentaste a horcajadas encima de mi tremendo culo, tan abierto de piernas casi como si estuvieras encima de un caballo.
Yo notaba tus manos por mi cuello, mi espalda...el calor de tu entrepierna.
"Abróchame el sujetador, no querrás verme las tetas"
Lo abrochaste; pero sí, sí querías.
No dejaba de mirar tu paquete y relamerme. Aquella noche no había cenado y ya tenía ganas de llevarme algo a la boca. El vino no estaba lo suficientemente húmedo y tus ojos buscaban lo que tu voluntad ocultaba.
Empezaste a acariciarme la espalda hasta que sentí tu aliento en mi cuello. Los besos rompieron la tensión y comencé a acariciar tu pene encima de los vaqueros. Nunca había deseado tanto tenerte dentro de mí...
Fuimos a la ducha y el agua comenzó a escurrirse por mi espalda, empapando mi culo y mezclándose con la humedad que había de por sí en mi entrepierna.
"Enjabóname"
Y sentí tus manos agarrando mis tetas, en círculos... Sentías mis pezones duros contra los dedos.
Tu pene a la altura de mi ombligo deseando escurrirse entre mis nalgas húmedas... Tu boca juguetona que más de un chupetón me dejó en el escote...
Apenas hacía 3 minutos de que me había secado y ya notaba como goteaba por el muslo. Te sentía dentro... muy dentro y muy duro.
"Despacito..."
Y comencé a jugar con mis labios... algún besito en el glande... mi lengua quería lamerlo todo. Era imposible que tu pene entrara entero en la boca, estaba tan duro...y tan grande.
Sentí como bajabas por mi pecho hasta llegar con tu lengua entre mis labios... Agarrándote el pelo sentí como me recorrías de arriba a abajo... y ahora tan dentro...
"Ponte arriba"
Pero no pude aguantarme y comencé a acariciarte con mis tetas...
"No creo que la rodeen entera"
Pero sí, ahí estabas, deslizándote una y otra vez en mi escote... Hasta que sentí el calor húmedo que se escurría por mi barbilla...por mis pezones...
Mientras tú me dedicabas un orgasmo desde tú casa yo humedecía ese tanga negro de encaje de imaginar tu pene recorriendo los rincones de mi cuerpo y, ay, qué bien voy a dormir esta noche...
"¿Nos tomamos otra?" Dijiste después de 2 deliciosas cervezas tostadas.
Pero a mí me apetecía otra cosa húmeda recorriendo mi garganta...
"Mejor vamos a tu casa".
Todo parecía cambiado, más color, menos romanticismo y más tensión.
Uy, esa gotita de cerveza que se me escurre por los labios, la barbilla, el cuello y...el canalillo. Ese delicioso canalillo que no te cortabas ni un pelo en mirar.
"Mira que suaves mis medias"
Y tu mano recorría mis muslos mientras yo rezaba para que avanzara y notara lo húmeda que estaba.
Pero parabas en el momento justo.
"Dame un masaje"
¿Quién me iba a decir que funcionaría?
"Pero sentada no, mejor me tumbo..."
Y tus manos fueron derechas a desabrocharme el sujetador. Te sentaste a horcajadas encima de mi tremendo culo, tan abierto de piernas casi como si estuvieras encima de un caballo.
Yo notaba tus manos por mi cuello, mi espalda...el calor de tu entrepierna.
"Abróchame el sujetador, no querrás verme las tetas"
Lo abrochaste; pero sí, sí querías.
No dejaba de mirar tu paquete y relamerme. Aquella noche no había cenado y ya tenía ganas de llevarme algo a la boca. El vino no estaba lo suficientemente húmedo y tus ojos buscaban lo que tu voluntad ocultaba.
Empezaste a acariciarme la espalda hasta que sentí tu aliento en mi cuello. Los besos rompieron la tensión y comencé a acariciar tu pene encima de los vaqueros. Nunca había deseado tanto tenerte dentro de mí...
Fuimos a la ducha y el agua comenzó a escurrirse por mi espalda, empapando mi culo y mezclándose con la humedad que había de por sí en mi entrepierna.
"Enjabóname"
Y sentí tus manos agarrando mis tetas, en círculos... Sentías mis pezones duros contra los dedos.
Tu pene a la altura de mi ombligo deseando escurrirse entre mis nalgas húmedas... Tu boca juguetona que más de un chupetón me dejó en el escote...
Apenas hacía 3 minutos de que me había secado y ya notaba como goteaba por el muslo. Te sentía dentro... muy dentro y muy duro.
"Despacito..."
Y comencé a jugar con mis labios... algún besito en el glande... mi lengua quería lamerlo todo. Era imposible que tu pene entrara entero en la boca, estaba tan duro...y tan grande.
Sentí como bajabas por mi pecho hasta llegar con tu lengua entre mis labios... Agarrándote el pelo sentí como me recorrías de arriba a abajo... y ahora tan dentro...
"Ponte arriba"
Pero no pude aguantarme y comencé a acariciarte con mis tetas...
"No creo que la rodeen entera"
Pero sí, ahí estabas, deslizándote una y otra vez en mi escote... Hasta que sentí el calor húmedo que se escurría por mi barbilla...por mis pezones...
martes, 21 de febrero de 2017
Entre las piernas
No... No sé si podré soportar estas ganas constantes de tenerte entre mis piernas...
Tu lengua jugueteando con mi clítoris mientras mis escasas uñas se clavan en tus brazos, los dedos que no parabas de entrar y sacar... Como sabes hacer que te lo termine pidiendo
-Métemela ya...
Y empiezas...poco a poco, despacito te voy sintiendo...
-Mmmm más rapido... más rápido joder. ¿De qué te ríes? ¿De mí?
-No me río, solo sonrío.
-Agárrame del pelo y del culo, vamos...
Uff... Mi boca quiere jugar...
-Ponte abajo.
Qué humeda y caliente está. ¿Te gustan así los besitos en la punta? ¿O prefieres mordisquitos? Tan suaves... Los vas notando... Sé que me la quieres meter en la boca.
Agarrame la cabeza, guíame... Ahora eres tú el que parece que quieres más rápido...
-No... ahora despacito.
A cuatro patas, azótame bien y no perdones un gemido.
La siento... tan dentro...
-Creo que... me voy a correr...
Entre mis glúteos... tan suave...mmm....
Y vuelta a empezar... en mi cabeza.
Tu lengua jugueteando con mi clítoris mientras mis escasas uñas se clavan en tus brazos, los dedos que no parabas de entrar y sacar... Como sabes hacer que te lo termine pidiendo
-Métemela ya...
Y empiezas...poco a poco, despacito te voy sintiendo...
-Mmmm más rapido... más rápido joder. ¿De qué te ríes? ¿De mí?
-No me río, solo sonrío.
-Agárrame del pelo y del culo, vamos...
Uff... Mi boca quiere jugar...
-Ponte abajo.
Qué humeda y caliente está. ¿Te gustan así los besitos en la punta? ¿O prefieres mordisquitos? Tan suaves... Los vas notando... Sé que me la quieres meter en la boca.
Agarrame la cabeza, guíame... Ahora eres tú el que parece que quieres más rápido...
-No... ahora despacito.
A cuatro patas, azótame bien y no perdones un gemido.
La siento... tan dentro...
-Creo que... me voy a correr...
Entre mis glúteos... tan suave...mmm....
Y vuelta a empezar... en mi cabeza.
domingo, 19 de febrero de 2017
Lluvia
Eran las 8 de la tarde y la lluvia no invitaba a dar ningún paseo, el plan más interesante: palomitas de microondas, manta y videos de youtube hasta quedarme dormida.
"Brrr Brrr!!"
Miré el móvil, ¿quién se acordaba de mí ese viernes por la noche?
"Esa sonrisilla me suena a que tienes plan" dijo mi compañera mientras cogía el bolso y se marchaba,"sé buena".
Pero no, no me apetecía ser nada buena.
No sé por qué estaba nerviosa, era solo una cerveza. Solo una cerveza, unas caladas de aquel cigarro y esa mirada... que más de una vez pillé fija en mi culo.
Me diste dos besos y ya pude sentir ese olor tan dulce, mezcla de tu esencia y ese desodorante que tanto me gusta. Me temblaba la voz. Me temblaban las manos.
"Bueno, ¿y qué planes tenías para esta noche?"
La conversación no era gran cosa, la cerveza steinburg no muy fría y ninguno de los dos se atrevía a hacer lo que se gritaba en el ambiente.
"Bueno, creo que me voy a marchar"
Y nada, de nuevo me quedaba allí, tan mojada como tu bicicleta atada a esa farola, pero...
"Hey, no puedes irte con esta lluvia, vamos... hazme un masaje."
Me tumbé en la cama boca abajo y te invité a que te sentaras encima de mi. Fuera camiseta, fuera sujetador.
Empezaste a acariciar suavemente mi espalda para ir apretando cada vez un poco más...cada vez un poco más y, ¡un momento!
Sentado a horcajadas encima de mi trasero, tus manos empezaron a bajar hacia algo más que mi espalda, mientras notaba todo el calor de tu entrepierna entre mis glúteos...notaba como crecía.
"Ahora te toca a ti, pero tú ponte boca arriba."
De nuevo a horcajadas, pero esta vez el calor de tu entrepierna se juntaba con el calor de la mía. Acariciaba tu piel, tan suave. Agarré tus brazos y te miré fijamente a los ojos, no podía decir que no a esos ojos.
Notaba que cada vez estaba más húmeda y me tumbé a tu lado. Posé suavemente mi mano en tu paquete y te miré con una mirada pícara que supiste entender.
Agarrada por las muñecas y con tu cadera apoyada en la mía sentía como me besabas el cuello, pequeños mordisquitos que se convirtieron en vistosas marcas...
"Muérdeme los pezones"
Me retorcía de placer mientras notaba como me clavabas tu pene entre las piernas. Sentía como se movía sin aún quitarnos ni los pantalones, y yo ya no aguantaba más. Quería sentirte dentro.
Besaba tu pecho y tu barriga... Jugaba con el cinturón que, "uy, se ha roto"
Rodeaba tu pene con mis labios por encima del calzoncillo.
"Tengo la boca seca."
Gemías tan suave... Mi lengua no paraba quieta, hacia arriba y hacia abajo... circulitos...
Entonces comenzó mi segundo masaje. Sentada encima de ti empecé a notarte dentro.
"Más dentro... Dios... Más dentro..."
Agarrabas mi culo y lo azotabas. Lo siento, no sé gemir bajito.
Eres tímido, pero no dudaste en ningún momento en agarrarme por la espalda para aproximar mis tetas a tu cara, las sentías rebotar con cada movimiento, las mordías fuerte...
"Mmm, déjame a mí arriba."
Me agarraste con tus fuertes brazos. Besos dulces, embestidas fuertes... Sentiste mi orgasmo, mis uñas se encargaron de ello.
"Creo que me voy a correr"
Con mi carita de niña buena abrí la boca y la señalé. "Aquí porfa"
Tan caliente. Tan rico.
"Parece que ha amanecido"
"Sí, y espero que aún no haya dejado de llover".
martes, 14 de febrero de 2017
San Valentín
Como cuando escuchas tu música preferida a todo volumen o lees un buen libro: a salvo, así me siento contigo. A salvo del mundo. De este mundo tan cruel que nos hace danzar a su placer sin pedirnos permiso, y menos aún opinión. Porque contigo todo es más fácil. Te adentras en mi tormenta sin miedo a mojarte, me das paz. Destruyes batallas con besos, me miras como un niño mira la noria cuando la ve por primera vez, queriendo no bajar del vagón.
A ti, tengo tantas tantas cosas que agradecerte... Las mañanas de besos y las noches de abrazos. El chocolate cubriendo mis nervios y llantos. Todas y cada una de las sonrisas, las tuyas y las mías.
A ti, que me curas sin tocarme y que cuando me tocas... qué locura.
Ay, gracias a la luna que nos presentó... y gracias a la lluvia que hizo que te quedaras. De verdad, gracias.
jueves, 5 de enero de 2017
Me sonrío de ti
No quiero hablar de sentimientos, sería absurdo hablar de algo que nos inunda cada vez que nos miramos a los ojos, y sonreímos. No quiero hablar de sentimientos porque al hablarlos éstos se vuelven un poquito menos bonitos, como tú cuando te aviso que voy a echar una foto, y no sabes qué cara poner, y me miras... Te miro... Y sonrío... Y ya no recuerdo por qué tengo el móvil en la mano.
No. No sé decir porqué me gustas tanto. Tampoco quiero.
Solo sé que si me dieran a elegir entre ver una película de Harry Potter y estar contigo, te dejaría elegir entre las 8 que hay, mientras hago palomitas y sonrío.
Que si fueras un tren solo quiero un billete de ida.
Que por tu jodida culpa me he vuelto adicta a las sonrisas.
Al la tuya.
Y a la mía.
Tolai 💜
No. No sé decir porqué me gustas tanto. Tampoco quiero.
Solo sé que si me dieran a elegir entre ver una película de Harry Potter y estar contigo, te dejaría elegir entre las 8 que hay, mientras hago palomitas y sonrío.
Que si fueras un tren solo quiero un billete de ida.
Que por tu jodida culpa me he vuelto adicta a las sonrisas.
Al la tuya.
Y a la mía.
Tolai 💜
jueves, 1 de septiembre de 2016
Destello
Os puedo jurar, y yo nunca juro, que no he visto cosa más bonita en mi vida.
La vi libre.
La vi volar.
Crecer.
Creer.
Llorar.
Soñar... Volver a llorar.
Y yo, que nunca creí en nada, en ella creí.
Y creo
en su risa,
en su llanto y en su vuelo
en su prisa
y en aquella mirada donde un día me perdí, creo.
Y ella crea, de la nada, mariposas azules,
hadas, duendes y brujas.
Castillos en vendavales
que no se derrumban.
Y yo, que tantas cosas vi.
En ella
y en mí.
Hoy puedo jurar, y eso que yo nunca juro, que este poema es solo por verla sonreír.
La vi libre.
La vi volar.
Crecer.
Creer.
Llorar.
Soñar... Volver a llorar.
Y yo, que nunca creí en nada, en ella creí.
Y creo
en su risa,
en su llanto y en su vuelo
en su prisa
y en aquella mirada donde un día me perdí, creo.
Y ella crea, de la nada, mariposas azules,
hadas, duendes y brujas.
Castillos en vendavales
que no se derrumban.
Y yo, que tantas cosas vi.
En ella
y en mí.
Hoy puedo jurar, y eso que yo nunca juro, que este poema es solo por verla sonreír.
domingo, 10 de julio de 2016
Carta a un desconocido
Querido (casi) desconocido:
Si, te lo digo a ti que apenas me conoces y quizás crees, por alguna cosa que te han dicho, que sabes algo de mí.
Algunos te dirán cosas muy buenas sobre mi persona. Te contarán lo bien que me porté con ellos y lo mucho que me quieren. Otros, sin embargo, no podrán decir más que pestes sobre mí, lo mala que soy y mal que me porté.
Mi consejo es que no creas nada de lo que te dicen. Ni bueno, ni malo. Nada. Si de verdad te importa saber como soy, acércate. Pregúntame. Háblame y escúchame. Pasa tiempo conmigo. Forja tu propia opinión sobre mi.
Porque si con una opinión de una sola persona ya decides como soy, eso, sinceramente, ya dice muchísimo más de ti que de mí.
Buenas noches.
Si, te lo digo a ti que apenas me conoces y quizás crees, por alguna cosa que te han dicho, que sabes algo de mí.
Algunos te dirán cosas muy buenas sobre mi persona. Te contarán lo bien que me porté con ellos y lo mucho que me quieren. Otros, sin embargo, no podrán decir más que pestes sobre mí, lo mala que soy y mal que me porté.
Mi consejo es que no creas nada de lo que te dicen. Ni bueno, ni malo. Nada. Si de verdad te importa saber como soy, acércate. Pregúntame. Háblame y escúchame. Pasa tiempo conmigo. Forja tu propia opinión sobre mi.
Porque si con una opinión de una sola persona ya decides como soy, eso, sinceramente, ya dice muchísimo más de ti que de mí.
Buenas noches.
miércoles, 15 de julio de 2015
Chapuzón
Las gotas de sudor me recorren la nuca. Noto la espalda de la camiseta empapada, me la voy a tener que quitar; total, ya ves quien va a venir a verme a mi cuarto, a oscuras y a estas horas de la noche.
El tanga parece que por el momento está sequito y en su sitio.
Típica noche es ésta, me parece a mí. Como la de más de alguno de vosotros. ¿Nadie está tirado en la cama, con el móvil en la mano y queriendo morir de tanto calor que hace?.
Os contaré una historia refrescante... o no tanto.
Esta tarde fui a bañarme en la parcela de un amigo, la piscina no es gran cosa, no tiene césped y te pinchas con las piedrecitas al salir del agua, su perro es un mastín que cada vez que se sacude te llena de babas y ladra hasta a las mariposas, pero la verdad es que este chico siempre sabe como entretenerme.
175 cm de altura, 90kg de peso. Ojos verdes. Pelo oscuro y barba densa.
Brazos musculosos, pequeña barriga. Sonrisa de anuncio. Lengua del pecado.
"Pero, ¿qué haces? Suéltame ya, que seguro que el agua está muy fría."
Y en tus brazos, rumbo a la piscina me evitaste el camino de piedrecitas y las babas de Gus.
Abrí los ojos y allí estabas, persiguiéndome por esa minúscula piscina. Me agarraste por la cintura y subimos a la superficie. A tres escasos centímetros nuestras bocas, notaba tu respiración agitada, notaba como pegabas tu pecho al mío, notaba... lo notaba.
Y tu mano descendió hacia mi trasero, sin que pareciera estorbarle la goma del bikini entró directo.
Recuerdo como besabas mi cuello. La ausencia de esponja en ese bikini dejaba que se remarcara claramente la silueta de mis pezones, que suavemente besaste, sin perder ni un momento mientras buscabas la tira que colgaba en mi espalda y desabrochaba la parte de arriba.
Bañarse desnuda en una piscina es algo excitante.
Me subiste a la escalera y posando mis piernas sobre tus hombros te acercaste con una sonrisa traviesa.
"Vamos a merendar."
Comenzaste realizando pequeños círculos con tu nariz sobre mi clítoris mientras tu lengua acariciaba suavemente mis labios. Poco a poco fui sintiendo más tu lengua. Te sentía más cerca, más dentro.
Tanto pude gemir que me agarraste por el trasero y me metiste derecha a la piscina para que dejara de hacer ruido...
Y la verdad es que no soy una persona que aguante mucho la respiración debajo del agua, así que con un movimiento de cejas y una ligera sonrisa te invité a sentarte en la escalera.
Tan mojada y tan erecta comencé a besarla mientras te miraba de reojo (me encanta ver la cara de placer que pones).
Rodeaba con mis labios el glande mientras me ayudaba de las manos para masturbarte muy suavemente...
"Más rápido" dijiste.
Pero no pensaba seguir con las manos, con mi boca me bastaba.
Y fuiste tú mismo el que tuviste que meterte a la piscina para dejar de gemir esa vez.
Pero el tiempo pasa, y es ya tarde. Ahora estoy sola y con sueño,
Y este maldito tanga sintiendo envidia de la camiseta acabará en el suelo, empapado.
Buenas noches, dulces sueños.
El tanga parece que por el momento está sequito y en su sitio.
Típica noche es ésta, me parece a mí. Como la de más de alguno de vosotros. ¿Nadie está tirado en la cama, con el móvil en la mano y queriendo morir de tanto calor que hace?.
Os contaré una historia refrescante... o no tanto.
Esta tarde fui a bañarme en la parcela de un amigo, la piscina no es gran cosa, no tiene césped y te pinchas con las piedrecitas al salir del agua, su perro es un mastín que cada vez que se sacude te llena de babas y ladra hasta a las mariposas, pero la verdad es que este chico siempre sabe como entretenerme.
175 cm de altura, 90kg de peso. Ojos verdes. Pelo oscuro y barba densa.
Brazos musculosos, pequeña barriga. Sonrisa de anuncio. Lengua del pecado.
"Pero, ¿qué haces? Suéltame ya, que seguro que el agua está muy fría."
Y en tus brazos, rumbo a la piscina me evitaste el camino de piedrecitas y las babas de Gus.
Abrí los ojos y allí estabas, persiguiéndome por esa minúscula piscina. Me agarraste por la cintura y subimos a la superficie. A tres escasos centímetros nuestras bocas, notaba tu respiración agitada, notaba como pegabas tu pecho al mío, notaba... lo notaba.
Y tu mano descendió hacia mi trasero, sin que pareciera estorbarle la goma del bikini entró directo.
Recuerdo como besabas mi cuello. La ausencia de esponja en ese bikini dejaba que se remarcara claramente la silueta de mis pezones, que suavemente besaste, sin perder ni un momento mientras buscabas la tira que colgaba en mi espalda y desabrochaba la parte de arriba.
Bañarse desnuda en una piscina es algo excitante.
Me subiste a la escalera y posando mis piernas sobre tus hombros te acercaste con una sonrisa traviesa.
"Vamos a merendar."
Comenzaste realizando pequeños círculos con tu nariz sobre mi clítoris mientras tu lengua acariciaba suavemente mis labios. Poco a poco fui sintiendo más tu lengua. Te sentía más cerca, más dentro.
Tanto pude gemir que me agarraste por el trasero y me metiste derecha a la piscina para que dejara de hacer ruido...
Y la verdad es que no soy una persona que aguante mucho la respiración debajo del agua, así que con un movimiento de cejas y una ligera sonrisa te invité a sentarte en la escalera.
Tan mojada y tan erecta comencé a besarla mientras te miraba de reojo (me encanta ver la cara de placer que pones).
Rodeaba con mis labios el glande mientras me ayudaba de las manos para masturbarte muy suavemente...
"Más rápido" dijiste.
Pero no pensaba seguir con las manos, con mi boca me bastaba.
Y fuiste tú mismo el que tuviste que meterte a la piscina para dejar de gemir esa vez.
Pero el tiempo pasa, y es ya tarde. Ahora estoy sola y con sueño,
Y este maldito tanga sintiendo envidia de la camiseta acabará en el suelo, empapado.
Buenas noches, dulces sueños.
lunes, 6 de julio de 2015
Examen final
Lunes por la tarde.
6 de Julio.
40º C en la sombra.
Biblioteca.
Se acerca el último examen.
Visto así no suena nada apetecible, ¿verdad?
La sala estaba prácticamente vacía, las mesas llenas de botes de cocacola y redbull y entre los pocos que éramos apenas se atisbaba una leve sonrisa... o si.
Al fondo de la sala un chico con los cascos puestos enchufados al ordenador movía la cabeza ligeramente al son de una música que mi cabeza imaginaba. Sin darme cuenta fui acercándome a aquella mesa, hasta sentarme justo delante suyo.
"Hola" fue la palabra que insinué con mis labios mientras miraba fijamente esos profundos ojos.
De respuesta recibí una sonrisa, y un ligero aroma muy dulce fruto de la mezcla de mi desodorante de hombre favorito (Axe Chocolate) y un olor corporal que, ya me parecía a mí, no iba a dejar hueco a la concentración esa tarde.
Cogí mis rastas y me hice un moño, me puse las gafas y me coloqué el sujetador (no hay nada que me moleste más mientras estudio que un aro mal colocado). Justo fue cuando observé como me miraba las tetas el chico. Su mirada recorrió mis manos, mi escote, mi cuello y finalmente se encontró con una sonrisa pícara y un guiño que, a juzgar por el rubor de sus mejillas, no se esperaba.
Pasé sutilmente las páginas del libro que no pensaba leer. Cogí la botella de agua que casualmente no acerté a beber bien, dejando escurrir una gota por mis labios que descendió por mi cuello hasta llegar a mi escote. La sequé ligeramente con mis dedos y suspirando lo miré y pudo leer en mis labios "qué calor ¿verdad?".
Y señalando para la puerta le invité a que me acompañara.
Me levanté, notando como los pantalones se habían adaptado perfectamente a mi silueta gracias al calor y, por supuesto, al tanga.
Noté su presencia siguiéndome a lo largo del pasillo, pero al llegar a la puerta de salida me giré, me acerqué todo lo que pude a él, pegando mis tetas a su pecho, dejando un ángulo perfecto para que no se perdiera ni un detalle de mi escote y le susurré al oído "Tengo el método perfecto para acabar con este calor".
Entré al baño mientras él, desde la puerta me miraba con una mirada que mezclaba miedo y ganas.
Agarré su camiseta y lo traje frente a mí.
Cerré el seguro y noté sus manos acariciando mi cuello.
"Con esas manos tan calientes es mejor que toques otro sitio."
Besaba tan bien que apenas me di cuenta como acariciándome la espalda llegó hasta el broche del sujetador. Antes de que me diera cuenta ya no llevaba puesta camiseta y él agarraba con fuerza mis tetas mientras me daba pequeños mordisquitos en el cuello.
Se quitó la camiseta.
"Ahora me toca a mí desabrocharte algo".
Y bajé hasta sus pantalones, besando la barriga fui desabrochando uno a uno los botones de sus pantalones.
Besaba suavemente el calzoncillo, notando la erección mientras él me deshizo el moño y me acariciaba la cabeza.
Agarré la goma del boxer y tiré para abajo, dejando caer su polla sobre mi nariz, jugando con ella con mis labios.
"Shh, no suspires tan fuerte, no quisieran que me echaran de la biblioteca a un día de terminar el curso".
Su cara reflejaba un intenso placer mientras jugaba con mi lengua. Él acompañaba los movimientos de mi cabeza con sus manos y disfrutaba al ver el bote de mis tetas.
Me levanté y me quité los pantalones, le obligué a sentarse en la taza del baño y me senté a horcajadas encima de él, mientras azotaba su cara con mis pechos
"No estás estudiando nada, eres un niño muy malo".
Agarró mis nalgas y las azotó. Mientras, con el movimiento de mis caderas comenzó a notar como mis muslos empezaban a humedecerse.
Ladeó mi tanga, empapado e introdujo dentro de mí sus dedos.
Mordía mis pezones, me azotaba y agarraba fuerte y me envestía contra la puerta, lo notaba dentro.
Mis piernas se agarraban al rededor de su cintura y mis uñas arañaban su espalda.
De rodillas y con cara de niña buena le miré con la boca abierta.
"Anda, quítame el calor."
Y lo sentí caer, en mi boca, caliente.
Seguidamente me sentó en el baño, puso mis piernas sobre sus hombros y me hizo llegar al cielo.
Salimos del baño. Nadie se había percatado, pues hasta el de seguridad estaba medio dormido mirando su tablet.
"Cuando quieras hacemos un descanso"
Dije, sentándome de nuevo delante suyo, mordiéndome sensualmente el labio, acariciándome sutilmente el escote.
"Cuando quieras".
Sonrisa. Aroma. Cascos puestos. Me siento preparada para esta larga tarde de estudio.
6 de Julio.
40º C en la sombra.
Biblioteca.
Se acerca el último examen.
Visto así no suena nada apetecible, ¿verdad?
La sala estaba prácticamente vacía, las mesas llenas de botes de cocacola y redbull y entre los pocos que éramos apenas se atisbaba una leve sonrisa... o si.
Al fondo de la sala un chico con los cascos puestos enchufados al ordenador movía la cabeza ligeramente al son de una música que mi cabeza imaginaba. Sin darme cuenta fui acercándome a aquella mesa, hasta sentarme justo delante suyo.
"Hola" fue la palabra que insinué con mis labios mientras miraba fijamente esos profundos ojos.
De respuesta recibí una sonrisa, y un ligero aroma muy dulce fruto de la mezcla de mi desodorante de hombre favorito (Axe Chocolate) y un olor corporal que, ya me parecía a mí, no iba a dejar hueco a la concentración esa tarde.
Cogí mis rastas y me hice un moño, me puse las gafas y me coloqué el sujetador (no hay nada que me moleste más mientras estudio que un aro mal colocado). Justo fue cuando observé como me miraba las tetas el chico. Su mirada recorrió mis manos, mi escote, mi cuello y finalmente se encontró con una sonrisa pícara y un guiño que, a juzgar por el rubor de sus mejillas, no se esperaba.
Pasé sutilmente las páginas del libro que no pensaba leer. Cogí la botella de agua que casualmente no acerté a beber bien, dejando escurrir una gota por mis labios que descendió por mi cuello hasta llegar a mi escote. La sequé ligeramente con mis dedos y suspirando lo miré y pudo leer en mis labios "qué calor ¿verdad?".
Y señalando para la puerta le invité a que me acompañara.
Me levanté, notando como los pantalones se habían adaptado perfectamente a mi silueta gracias al calor y, por supuesto, al tanga.
Noté su presencia siguiéndome a lo largo del pasillo, pero al llegar a la puerta de salida me giré, me acerqué todo lo que pude a él, pegando mis tetas a su pecho, dejando un ángulo perfecto para que no se perdiera ni un detalle de mi escote y le susurré al oído "Tengo el método perfecto para acabar con este calor".
Entré al baño mientras él, desde la puerta me miraba con una mirada que mezclaba miedo y ganas.
Agarré su camiseta y lo traje frente a mí.
Cerré el seguro y noté sus manos acariciando mi cuello.
"Con esas manos tan calientes es mejor que toques otro sitio."
Besaba tan bien que apenas me di cuenta como acariciándome la espalda llegó hasta el broche del sujetador. Antes de que me diera cuenta ya no llevaba puesta camiseta y él agarraba con fuerza mis tetas mientras me daba pequeños mordisquitos en el cuello.
Se quitó la camiseta.
"Ahora me toca a mí desabrocharte algo".
Y bajé hasta sus pantalones, besando la barriga fui desabrochando uno a uno los botones de sus pantalones.
Besaba suavemente el calzoncillo, notando la erección mientras él me deshizo el moño y me acariciaba la cabeza.
Agarré la goma del boxer y tiré para abajo, dejando caer su polla sobre mi nariz, jugando con ella con mis labios.
"Shh, no suspires tan fuerte, no quisieran que me echaran de la biblioteca a un día de terminar el curso".
Su cara reflejaba un intenso placer mientras jugaba con mi lengua. Él acompañaba los movimientos de mi cabeza con sus manos y disfrutaba al ver el bote de mis tetas.
Me levanté y me quité los pantalones, le obligué a sentarse en la taza del baño y me senté a horcajadas encima de él, mientras azotaba su cara con mis pechos
"No estás estudiando nada, eres un niño muy malo".
Agarró mis nalgas y las azotó. Mientras, con el movimiento de mis caderas comenzó a notar como mis muslos empezaban a humedecerse.
Ladeó mi tanga, empapado e introdujo dentro de mí sus dedos.
Mordía mis pezones, me azotaba y agarraba fuerte y me envestía contra la puerta, lo notaba dentro.
Mis piernas se agarraban al rededor de su cintura y mis uñas arañaban su espalda.
De rodillas y con cara de niña buena le miré con la boca abierta.
"Anda, quítame el calor."
Y lo sentí caer, en mi boca, caliente.
Seguidamente me sentó en el baño, puso mis piernas sobre sus hombros y me hizo llegar al cielo.
Salimos del baño. Nadie se había percatado, pues hasta el de seguridad estaba medio dormido mirando su tablet.
"Cuando quieras hacemos un descanso"
Dije, sentándome de nuevo delante suyo, mordiéndome sensualmente el labio, acariciándome sutilmente el escote.
"Cuando quieras".
Sonrisa. Aroma. Cascos puestos. Me siento preparada para esta larga tarde de estudio.
domingo, 8 de marzo de 2015
Si. Pero no.
Hoy no voy a expresar nada.
O sí.
Me quedaré callada.
Pero dejadme decir,
que yo no estoy atada.
Yo decidí sentir.
O no.
De mis labios.
O de su ausencia.
¿Por qué tengo la necesidad de escribir la palabra 'indiferencia'?
Me duele.
¿La indiferencia? No, por dios.
Es solo que me aprieta el sujetador.
Y ya.
Ya se acabó.
¿Cómo poner fin a lo que nunca comenzó?
Pues si. Es así.
Pero ya no.
jueves, 22 de enero de 2015
Diario de C. P. R. 22/01/2015
Hay días que empiezan mal. Ya a eso de las 0:00. Pero esos días siempre tienen algo bueno...
Amanece y llevo un par de horas despierta.
Mirando al techo.
Veo como pasa minuto a minuto el despertador.
Lo último que recuerdo es ver justo 15 minutos antes de la hora de la alarma.
Ahí está.
¿Café?
Sí, gracias.
A penas me puedo mover.
Mi cuerpo dice "basta".
¿Basta? Eso díselo al cerebro.
Ya no quiero, pero sí puedo.
Y como querer es poder, no querer es... Poder.
y Joder.
No puedo más.
Pero ya, joder, ya está bien de tanta queja.
La cabeza bien alta.
Casi tanto como el cuello de la chaqueta.
Llueve.
Duele.
Pero creces.
Paso a paso.
Avanzas o retrocedes.
Pero no pares.
A veces lo importante es simplemente moverse.
Buscar algo más.
No conformarse.
Que no se atrofien tus músculos.
Que no se atrofie tu espíritu.
Sonrisa, no falsa.
Pero no sincera.
No sé, solo lo hago. Me sale al verla.
Un brindis por las sonrisas arrancadas de oreja a oreja.
Un brindis por aquellas cosas que son pequeñas.
Y grandes.
Pero llueve.
Llueve.
El diluvio universal.
Tú me entiendes.
Y entonces, cuando ya se va.
Se va.
¿Querías algo espectacular?
Eso es solo en las películas.
Ya está bien.
A dormir.
A soñar.
A volverse a despertar.
Te espero mañana.
Yo y mis labios.
No tardes, me apetece sonreír.
Amanece y llevo un par de horas despierta.
Mirando al techo.
Veo como pasa minuto a minuto el despertador.
Lo último que recuerdo es ver justo 15 minutos antes de la hora de la alarma.
Ahí está.
¿Café?
Sí, gracias.
A penas me puedo mover.
Mi cuerpo dice "basta".
¿Basta? Eso díselo al cerebro.
Ya no quiero, pero sí puedo.
Y como querer es poder, no querer es... Poder.
y Joder.
No puedo más.
Pero ya, joder, ya está bien de tanta queja.
La cabeza bien alta.
Casi tanto como el cuello de la chaqueta.
Llueve.
Duele.
Pero creces.
Paso a paso.
Avanzas o retrocedes.
Pero no pares.
A veces lo importante es simplemente moverse.
Buscar algo más.
No conformarse.
Que no se atrofien tus músculos.
Que no se atrofie tu espíritu.
Sonrisa, no falsa.
Pero no sincera.
No sé, solo lo hago. Me sale al verla.
Un brindis por las sonrisas arrancadas de oreja a oreja.
Un brindis por aquellas cosas que son pequeñas.
Y grandes.
Pero llueve.
Llueve.
El diluvio universal.
Tú me entiendes.
Y entonces, cuando ya se va.
Se va.
¿Querías algo espectacular?
Eso es solo en las películas.
Ya está bien.
A dormir.
A soñar.
A volverse a despertar.
Te espero mañana.
Yo y mis labios.
No tardes, me apetece sonreír.
lunes, 19 de enero de 2015
Diario de C.P.R. 19/01/2015
Hablemos de ese momento.
Hablemos de esa presión en el pecho, esa mirada fija y esos labios que no podían articular palabra.
Pero lo hicieron.
De los suspiros sin motivo.
O con.
De las fantasías interminables.
De aquel "hoy me duermo pronto".
Pero no.
De las casualidades.
Benditas casualidades.
De las miradas, las sonrisas...
De los besos que no y los abrazos que sí.
De las canciones con forma de recuerdo.
De los recuerdos con forma de canciones.
Hablemos de que desde entonces me gustan los lunes y aborrecí los viernes.
De que las horas empezaron a transformarse en párrafos.
De los desnudos, del alma.
De los miedos.
De que desde entonces la concentración se ha convertido en un reto.
Y sin en cambio nadie me desconcentra cuando pienso en ti.
De las noches en vela.
Los despertares precoces.
Del sentimiento de vacío.
Y las lágrimas llenas.
Hablemos de impotencia.
De paciencia.
De esa gran indiferencia.
De la culpa.
De mi culpa.
De mi gran culpa.
Amén.
Hablemos de esa presión en el pecho, esa mirada fija y esos labios que no podían articular palabra.
Pero lo hicieron.
De los suspiros sin motivo.
O con.
De las fantasías interminables.
De aquel "hoy me duermo pronto".
Pero no.
De las casualidades.
Benditas casualidades.
De las miradas, las sonrisas...
De los besos que no y los abrazos que sí.
De las canciones con forma de recuerdo.
De los recuerdos con forma de canciones.
Hablemos de que desde entonces me gustan los lunes y aborrecí los viernes.
De que las horas empezaron a transformarse en párrafos.
De los desnudos, del alma.
De los miedos.
De que desde entonces la concentración se ha convertido en un reto.
Y sin en cambio nadie me desconcentra cuando pienso en ti.
De las noches en vela.
Los despertares precoces.
Del sentimiento de vacío.
Y las lágrimas llenas.
Hablemos de impotencia.
De paciencia.
De esa gran indiferencia.
De la culpa.
De mi culpa.
De mi gran culpa.
Amén.
domingo, 11 de enero de 2015
Diario de C.P.R. 11/01/15
A veces no entiendo la cara de gilipollas que se me queda cuando me ilusiono por conseguir algo que sé de hace mucho tiempo que está perdido.
Y al principio todas las mañanas te levantas ilusionado, pensando en esa nueva meta.
Y un día caes.
Pasan los días, las heridas sanan, olvidas la caída y te levantas.
Y comienzas a levantarte con ilusión de nuevo.
Esta vez lo vas a intentar y más fuerte que la vez anterior.
Coges aire.
Saltas.
Te comes el mundo.
Y caes.
Esta vez las heridas duelen más, te levantas y vuelves a caminar, pero ya no tienes ganas de saltar.
Y caminas, vuelves a curar tus heridas, las cicatrices se hacen más anchas y visibles, pero sanan.
Y pasan los días y ya no te duele al andar.
Y piensas ¿qué pasará si vuelvo a saltar?
Pero frenas, no quieres más heridas.
Dudas, piensas que no lo hiciste del todo bien.
Oyes una voz de ánimo y sientes una mano que te empuja.
Ilusión ¿has vuelto?
Saltas.
Brotan dos alas de tu espalda.
Majestuosas.
Vuelas, vuelas alto.
Ya casi lo tocas.
Abres los ojos.
Y caes.
Apenas puedes levantarte.
Empiezas a no querer caminar.
Una mano tira de ti.
Caminas, despacio.
Observas a la gente saltar.
No quieres, no puedes más.
NO PUEDO MÁS.
Me dices.
"Hazlo, tú puedes, lo sé".
Y junto a la voz de nuevo esa mano que te empuja.
Ilusión, no por favor, vete.
Y vuelves a volar.
Pero miras al suelo, ves que te elevas y ya no disfrutas.
Sientes miedo.
Abres los ojos.
Ya no son simples heridas.
Ya no.
Qué cruel la vida cuando te da alas para después cortártelas.
¿La vida?
No, la vida no.
viernes, 17 de octubre de 2014
El amor en los tiempos del Ébola
El amor. Qué curioso.
"Hablemos de amor", dí esto en medio de una fiesta o de un grupo de amigos tomando unas cervezas y te tomarán por loco. Y es que el amor está a la orden del día. ¿Quién ha ido andado por la calle y no ha visto nunca una pintada con "te amo" o "te quiero mi niña, juntos para siempre".
Y es que el amor cada día se compra más barato.
Qué habitual se ha vuelto decir te quiero. Tan habitual que ya escuchamos esta expresión de cualquier persona, aunque nos estén clavando por detrás una daga ahí está ese "pero que yo sabes que te quiero mucho". Qué barato.
Recuerdo mi primer te quiero, la tensión y los nervios. Ese te quiero no era como estos que escucho yo todos los días, era un te quiero que se estuvo elaborando durante meses y horneando durante días hasta que por fin cuando tenía claro que era un te quiero (un sentimiento firme y claro, que no podía cambiar y que a veces era capaz de controlar mi manera de actuar) no tuvo más remedio que salir de mí, disparado, derecho a estrellarse contra una pared y caer al suelo. Y lo cogí, y me lo comí, como todas esas miradas, esas risas y esos gestos de complicidad.
Pero era mi te quiero. Y no por eso dejé de sentirlo.
También recuerdo mi otro primer te quiero. Ese que me dispararon entre una sonrisa y un suspiro, ese, mientras me agarraban de la mano y no tenían otra intención que escuchar un eco de sus palabras.
Y hoy, no sé por qué, después de pasar por tantos te quieros y tantas historias, (algunos te quieros de papel y otros forjados con el más duro hierro) me quedo mirando al amor y no termino de explicarme muchas cosas.
¿Qué es el amor?
Y pensaréis, joder qué chorrada de pregunta.
Pero aún después de darle muchas vueltas me resulta difícil definirlo en una frase.
Según la RAE:
"Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser."
De su propia insuficiencia...
Bueno. No voy a opinar sobre la definición de la RAE, pero si voy a dar mi propia definición.
Para mí el amor es algo que se transforma.
Es esa pastilla efervescente que se te pone en la garganta cuando te acercas a esa persona, las manos se vuelven hielo y las piernas que no saben si avanzar o dar la vuelta y salir corriendo.
Esas miradas que en las que caben historias de miles de páginas que suceden en 10 míseros segundos en tu cabeza.
Esos suspiros que se escapan entre los dientes.
Las excusas de una sonrisa, o de un llanto.
Una caricia que te sube al cielo y te hace sentir que nada más existe, que nada más importa.
Esos besos que te desnudan el alma y te cierran los ojos.
Esos abrazos que dicen "tranquilo, no estás solo" y que hacen que lo sientas de verdad.
Esa mano que se tiende cuando no te quedan fuerzas ni para replantearte levantarte.
Esos empujones que sientes cuando crees que ya no puedes avanzar más, y ves en la meta animándote a la misma persona que los da (¿Cómo es posible? No es posible, es amor.)
Esas conversaciones en las que no nos cansamos de escuchar, o de compartir.
Una tarde en el campo.
La complicidad entre dos seres de diferente especie.
Cerrar los ojos y pensar en esa persona que ya no está, pero que siempre estará.
Mirarte al espejo y sentirte guapo. Sentirte libre.
Y es por eso que me da mucha rabia ver día a día como desperdiciamos ese amor tan valioso. No nos queda mucho tiempo amigos. Vivimos en una cuenta atrás y no estamos para desperdiciar ni un solo segundo, salvo que sea para elaborar y hornear un suculento te quiero, de esos que dejan la huella del amor de verdad.
Infidelidades, egoísmos, peleas familiares, actitudes machistas, competitividad, sobrevaloración de los bienes materiales...BASTA.
Buscar ese te quiero puro, cerrar los ojos y pensar...
Y recordad que el primer te quiero de una cadena de te quieros puros es aquel que nos decimos a nosotros mismos.
"Hablemos de amor", dí esto en medio de una fiesta o de un grupo de amigos tomando unas cervezas y te tomarán por loco. Y es que el amor está a la orden del día. ¿Quién ha ido andado por la calle y no ha visto nunca una pintada con "te amo" o "te quiero mi niña, juntos para siempre".
Y es que el amor cada día se compra más barato.
Qué habitual se ha vuelto decir te quiero. Tan habitual que ya escuchamos esta expresión de cualquier persona, aunque nos estén clavando por detrás una daga ahí está ese "pero que yo sabes que te quiero mucho". Qué barato.
Recuerdo mi primer te quiero, la tensión y los nervios. Ese te quiero no era como estos que escucho yo todos los días, era un te quiero que se estuvo elaborando durante meses y horneando durante días hasta que por fin cuando tenía claro que era un te quiero (un sentimiento firme y claro, que no podía cambiar y que a veces era capaz de controlar mi manera de actuar) no tuvo más remedio que salir de mí, disparado, derecho a estrellarse contra una pared y caer al suelo. Y lo cogí, y me lo comí, como todas esas miradas, esas risas y esos gestos de complicidad.
Pero era mi te quiero. Y no por eso dejé de sentirlo.
También recuerdo mi otro primer te quiero. Ese que me dispararon entre una sonrisa y un suspiro, ese, mientras me agarraban de la mano y no tenían otra intención que escuchar un eco de sus palabras.
Y hoy, no sé por qué, después de pasar por tantos te quieros y tantas historias, (algunos te quieros de papel y otros forjados con el más duro hierro) me quedo mirando al amor y no termino de explicarme muchas cosas.
¿Qué es el amor?
Y pensaréis, joder qué chorrada de pregunta.
Pero aún después de darle muchas vueltas me resulta difícil definirlo en una frase.
Según la RAE:
"Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser."
De su propia insuficiencia...
Bueno. No voy a opinar sobre la definición de la RAE, pero si voy a dar mi propia definición.
Para mí el amor es algo que se transforma.
Es esa pastilla efervescente que se te pone en la garganta cuando te acercas a esa persona, las manos se vuelven hielo y las piernas que no saben si avanzar o dar la vuelta y salir corriendo.
Esas miradas que en las que caben historias de miles de páginas que suceden en 10 míseros segundos en tu cabeza.
Esos suspiros que se escapan entre los dientes.
Las excusas de una sonrisa, o de un llanto.
Una caricia que te sube al cielo y te hace sentir que nada más existe, que nada más importa.
Esos besos que te desnudan el alma y te cierran los ojos.
Esos abrazos que dicen "tranquilo, no estás solo" y que hacen que lo sientas de verdad.
Esa mano que se tiende cuando no te quedan fuerzas ni para replantearte levantarte.
Esos empujones que sientes cuando crees que ya no puedes avanzar más, y ves en la meta animándote a la misma persona que los da (¿Cómo es posible? No es posible, es amor.)
Esas conversaciones en las que no nos cansamos de escuchar, o de compartir.
Una tarde en el campo.
La complicidad entre dos seres de diferente especie.
Cerrar los ojos y pensar en esa persona que ya no está, pero que siempre estará.
Mirarte al espejo y sentirte guapo. Sentirte libre.
Y es por eso que me da mucha rabia ver día a día como desperdiciamos ese amor tan valioso. No nos queda mucho tiempo amigos. Vivimos en una cuenta atrás y no estamos para desperdiciar ni un solo segundo, salvo que sea para elaborar y hornear un suculento te quiero, de esos que dejan la huella del amor de verdad.
Infidelidades, egoísmos, peleas familiares, actitudes machistas, competitividad, sobrevaloración de los bienes materiales...BASTA.
Buscar ese te quiero puro, cerrar los ojos y pensar...
"Las personas fueron creadas para ser amadas y las cosas para ser usadas.La razón por la cual el mundo está en caos, es porque las cosas están siendo amadas y las personas usadas".
Y recordad que el primer te quiero de una cadena de te quieros puros es aquel que nos decimos a nosotros mismos.
jueves, 3 de julio de 2014
Humo
Porque hay sentimientos que no podemos evitar sentir cuando nos
acordamos, vemos o nos hablan de una persona...
Lunes, odioso lunes. Examen, largo y fatídico. Lo mejor de todo el
día ha sido el final, quizás como una buena película... Una de esas películas
que te asusta, te aburre y al final da un giro inesperado y hace que todo ese
rato haya merecido la pena.
Nunca supe qué responderte a la pregunta ¿Y cómo vas de amores?
Lunes: 20:04 horas.
"¿Quieres un cigarro?"
Siempre he detestado el olor a tabaco... Pero por alguna razón que
desconozco el humo que sale de tu boca es diferente, me hipnotiza, me siento
tranquila. Podría decir que me siento a gusto respirando aquel adictivo y
cancerígeno humo.
Quizás no debí invitarte a cenar, quizás no debí sentarme tan
cerca... Quizás, y solo quizás, no debí empezar a acariciarte el muslo.
Lunes: 22:58 horas.
Sentada encima de ti, acariciándote el pecho. Tus manos en mi culo apretando y soltando como si estuvieses amasando pan; mis labios recorriendo tu cuello suavemente, dejando asomarse los dientes traviesos para darte pequeños mordisquitos mientras mis manos se dirigían hacia la cremallera de los pantalones.
Sentada encima de ti, acariciándote el pecho. Tus manos en mi culo apretando y soltando como si estuvieses amasando pan; mis labios recorriendo tu cuello suavemente, dejando asomarse los dientes traviesos para darte pequeños mordisquitos mientras mis manos se dirigían hacia la cremallera de los pantalones.
Me sorprendió mucho con la facilidad que me desabrochaste el
sujetador, la maña que mostraste para quitarme el tanga con la boca y más aún
cuando sin darme cuenta entre caricias y besos me llevaste a la cocina.
Sentada en la encimera, abierta de piernas y con la mirada puesta
en el techo recuerdo como sentía tu lengua y tus labios. Mis piernas se
apoyaban en tu espalda mientras mis manos agarraban fuerte tu pelo.
Suspiros, respiración entrecortada y demás ruidos de placer
resonaron en todo el piso.
De rodillas sobre un cojín y mirándote con cara de niña buena
agarré tu polla para dejarla caer entre mis pechos. Fuerte pero sensual comencé
a moverme, para mientras, jugar con mi lengua, mis labios…
Me cogiste en brazos y me llevaste a la cama.
De espaldas a ti, con las rodillas apoyadas en el colchón y las
manos en la pared sentía como con cada golpe las tetas me botaban. Más rápido.
Más rápido.
Lunes: 23:47 horas.
“¿Quieres un cigarro?”
domingo, 20 de abril de 2014
Carta
Al borde del precipicio por tomar decisiones precipitadas. Así nos vemos.
El siguiente texto fue escrito por una mujer víctima de malos tratos. No es una entrada ficticia, ojalá lo fuera.
"Esta mañana he despertado y el mundo me daba autentico asco, el mundo y todo lo que hay en él. Pero si hay algo que me da más asco que cualquier otra cosa, esa soy yo.
No quiero seguir viviendo en un mundo así, no quiero seguir viviendo en este mundo que se ha creado a mi alrededor. Es posible y probable que la culpa sea toda mía, no lo niego. Pero creo que he llegado al callejón sin salida al que yo misma me he empujado una y otra vez, y cuando intento retroceder solo veo cadenas y vallas que me siento incapaz de atravesar.
No entiendo por qué hay personas que se creen más que otras e intentan demostrarlo día a día. No entiendo que ahora los besos se respondan con bofetones. Que cuando haces algo mal te llevas un golpe y cuando lo haces bien la única recompensa es el golpe que te has dejado de llevar.
Quiero que la última vez que mi corazón palpite tan rápido sea por las heridas que yo misma he decidido hacerme y no por las que tú, premeditadamente o no, me haces, por los gritos o porque simplemente sé que te voy a ver y no estás de buen humor.
Ojalá y te pudras en vida, que muerto no me valdría para nada. A mi me comerán los gusanos sin que lo sienta, pero a ti te comerá el cargo de conciencia.
Y me jode que después de todo aún sienta algo que pueda decir que es amor por ti. Amor y miedo no deberían ser sentimientos compatibles hacia una misma persona."
No creo que sea necesario llegar a estos límites, no creo que ninguna persona de este mundo deba sentir algo parecido a esto. A todas las "personas" que son capaces de maltratar, tanto física como psicológicamente a otra persona, a los que abusan y violan a niños o mujeres, ojalá y sufráis más de 100 veces el dolor que habéis podido causar, ojalá y os pudráis en cárceles, ojalá que paguéis lo que hacéis, si acaso es posible que podáis pagarlo por completo en algún momento de vuestra vida, hijos de puta.
El siguiente texto fue escrito por una mujer víctima de malos tratos. No es una entrada ficticia, ojalá lo fuera.
"Esta mañana he despertado y el mundo me daba autentico asco, el mundo y todo lo que hay en él. Pero si hay algo que me da más asco que cualquier otra cosa, esa soy yo.
No quiero seguir viviendo en un mundo así, no quiero seguir viviendo en este mundo que se ha creado a mi alrededor. Es posible y probable que la culpa sea toda mía, no lo niego. Pero creo que he llegado al callejón sin salida al que yo misma me he empujado una y otra vez, y cuando intento retroceder solo veo cadenas y vallas que me siento incapaz de atravesar.
No entiendo por qué hay personas que se creen más que otras e intentan demostrarlo día a día. No entiendo que ahora los besos se respondan con bofetones. Que cuando haces algo mal te llevas un golpe y cuando lo haces bien la única recompensa es el golpe que te has dejado de llevar.
Quiero que la última vez que mi corazón palpite tan rápido sea por las heridas que yo misma he decidido hacerme y no por las que tú, premeditadamente o no, me haces, por los gritos o porque simplemente sé que te voy a ver y no estás de buen humor.
Ojalá y te pudras en vida, que muerto no me valdría para nada. A mi me comerán los gusanos sin que lo sienta, pero a ti te comerá el cargo de conciencia.
Y me jode que después de todo aún sienta algo que pueda decir que es amor por ti. Amor y miedo no deberían ser sentimientos compatibles hacia una misma persona."
No creo que sea necesario llegar a estos límites, no creo que ninguna persona de este mundo deba sentir algo parecido a esto. A todas las "personas" que son capaces de maltratar, tanto física como psicológicamente a otra persona, a los que abusan y violan a niños o mujeres, ojalá y sufráis más de 100 veces el dolor que habéis podido causar, ojalá y os pudráis en cárceles, ojalá que paguéis lo que hacéis, si acaso es posible que podáis pagarlo por completo en algún momento de vuestra vida, hijos de puta.
martes, 18 de febrero de 2014
Paradoja
No me gusta que me mires a los ojos y me mientas.
No me gusta que te mires a los ojos y te mientas, frente al espejo, ensayando muecas alegres y sonrisas casuales.
Pero no importa si a mí me gusta o me deja de gustar. Deja de buscarle explicación a la vida, la vida se explica viviéndola
¿Por qué nos acostamos despejados y nos levantamos cansados?
¿Qué nos hace perder la esperanza en un sueño y luchar por otro?
Deja de engañarte, la vida no te va a dar respuestas. La vida te va a plantear preguntas que tú mismo debes contestar.
No me vale que mires para otro lado y le sonrías a la nada... Mejor mírame a los ojos y llora, grita o simplemente... no sonrías.
Porque empiezo a dejar de entender... Porque ya no quiero entender.
Entender esa paradoja, la paradoja que forman tus labios y tus ojos.
Puedes sonreír, reír, gritar de alegría, saltar... Pero, lo siento, llegas tarde... Hace rato que tus ojos gritaron mucho más fuerte.
sábado, 8 de febrero de 2014
Nightmare
Era demasiado tarde para ir de fiesta pero demasiado temprano para meterse en la cama...por lo menos para dormir.
3:23 de la noche, pintaba más aburrida que nunca y los apuntes no me indicaban lo contrario.
Hacía una noche perfecta para salir, pero mi falta de ganas y tu ausencia combinaban demasiado bien.Mucho más que aquel asqueroso café de sobre con esas pipas rancias que actuaban de único método de distracción en esa larga noche de estudio.
3:25 Suena el teléfono. Hacía 2 meses que cogiste aquel avión, y desde entonces nunca te habías olvidado de llamarme ninguna noche, excepto ésta, que lo hiciste con un retraso muy superior al normal.
3:30 Suena el timbre. Abrí la puerta y te encontré con ese ramo de rosas, barba de varias semanas y una mirada de cachorro que me dejó con la boca abierta.
Solo pensé en besarte, solo te besé sin pensar.
Te acariciaba, nuestras lágrimas de alegría se fundían en una sola, y morían en aquel beso.
No esperé a que me quitases la ropa, mi cuerpo se entregaba por completo a ese momento.
No esperé a que me abrazaras, mis brazos no estaban dispuestos a dejarte ir otra vez.
Sentí tu mano recorriendo mi entrepierna, sentí tu lengua rozando mi piel.
Acariciaba tu pelo, lo agarraba y tiraba gimiendo.
Gemidos provocados por tu lengua inquieta, por esos dedos finos que se resbalaban dentro de mí.
3:58 Tus manos agarraban fuertemente mis muñecas.
El cabecero de la cama golpeaba contra la pared y tus caderas cada vez se movían más y más deprisa.
El bote de mis pechos te hipnotizaba junto al sonido de mis gemidos. Aquellos gemidos que me liberaban de la esclavitud de no haberte tenido durante aquellos 2 meses eternos.
4:07 De rodillas, con la boca abierta y mirándote con cara de niña buena.
Siempre he pensado que no hay nada más sexy en un hombre que una buena sorpresa, acompañada de una noche de lujuria y una barba de varios días.
4:12 La televisión resuena en el salón, los apuntes caen entre mis piernas y el respaldo del sofá. No sé las horas que llevo dormida.
Es curioso como los sueños más maravillosos se pueden convertir en pesadillas cuando despiertas.
Buenas noches.
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