No quiero hablar de sentimientos, sería absurdo hablar de algo que nos inunda cada vez que nos miramos a los ojos, y sonreímos. No quiero hablar de sentimientos porque al hablarlos éstos se vuelven un poquito menos bonitos, como tú cuando te aviso que voy a echar una foto, y no sabes qué cara poner, y me miras... Te miro... Y sonrío... Y ya no recuerdo por qué tengo el móvil en la mano.
No. No sé decir porqué me gustas tanto. Tampoco quiero.
Solo sé que si me dieran a elegir entre ver una película de Harry Potter y estar contigo, te dejaría elegir entre las 8 que hay, mientras hago palomitas y sonrío.
Que si fueras un tren solo quiero un billete de ida.
Que por tu jodida culpa me he vuelto adicta a las sonrisas.
Al la tuya.
Y a la mía.
Tolai 💜
jueves, 5 de enero de 2017
jueves, 1 de septiembre de 2016
Destello
Os puedo jurar, y yo nunca juro, que no he visto cosa más bonita en mi vida.
La vi libre.
La vi volar.
Crecer.
Creer.
Llorar.
Soñar... Volver a llorar.
Y yo, que nunca creí en nada, en ella creí.
Y creo
en su risa,
en su llanto y en su vuelo
en su prisa
y en aquella mirada donde un día me perdí, creo.
Y ella crea, de la nada, mariposas azules,
hadas, duendes y brujas.
Castillos en vendavales
que no se derrumban.
Y yo, que tantas cosas vi.
En ella
y en mí.
Hoy puedo jurar, y eso que yo nunca juro, que este poema es solo por verla sonreír.
La vi libre.
La vi volar.
Crecer.
Creer.
Llorar.
Soñar... Volver a llorar.
Y yo, que nunca creí en nada, en ella creí.
Y creo
en su risa,
en su llanto y en su vuelo
en su prisa
y en aquella mirada donde un día me perdí, creo.
Y ella crea, de la nada, mariposas azules,
hadas, duendes y brujas.
Castillos en vendavales
que no se derrumban.
Y yo, que tantas cosas vi.
En ella
y en mí.
Hoy puedo jurar, y eso que yo nunca juro, que este poema es solo por verla sonreír.
domingo, 10 de julio de 2016
Carta a un desconocido
Querido (casi) desconocido:
Si, te lo digo a ti que apenas me conoces y quizás crees, por alguna cosa que te han dicho, que sabes algo de mí.
Algunos te dirán cosas muy buenas sobre mi persona. Te contarán lo bien que me porté con ellos y lo mucho que me quieren. Otros, sin embargo, no podrán decir más que pestes sobre mí, lo mala que soy y mal que me porté.
Mi consejo es que no creas nada de lo que te dicen. Ni bueno, ni malo. Nada. Si de verdad te importa saber como soy, acércate. Pregúntame. Háblame y escúchame. Pasa tiempo conmigo. Forja tu propia opinión sobre mi.
Porque si con una opinión de una sola persona ya decides como soy, eso, sinceramente, ya dice muchísimo más de ti que de mí.
Buenas noches.
Si, te lo digo a ti que apenas me conoces y quizás crees, por alguna cosa que te han dicho, que sabes algo de mí.
Algunos te dirán cosas muy buenas sobre mi persona. Te contarán lo bien que me porté con ellos y lo mucho que me quieren. Otros, sin embargo, no podrán decir más que pestes sobre mí, lo mala que soy y mal que me porté.
Mi consejo es que no creas nada de lo que te dicen. Ni bueno, ni malo. Nada. Si de verdad te importa saber como soy, acércate. Pregúntame. Háblame y escúchame. Pasa tiempo conmigo. Forja tu propia opinión sobre mi.
Porque si con una opinión de una sola persona ya decides como soy, eso, sinceramente, ya dice muchísimo más de ti que de mí.
Buenas noches.
miércoles, 15 de julio de 2015
Chapuzón
Las gotas de sudor me recorren la nuca. Noto la espalda de la camiseta empapada, me la voy a tener que quitar; total, ya ves quien va a venir a verme a mi cuarto, a oscuras y a estas horas de la noche.
El tanga parece que por el momento está sequito y en su sitio.
Típica noche es ésta, me parece a mí. Como la de más de alguno de vosotros. ¿Nadie está tirado en la cama, con el móvil en la mano y queriendo morir de tanto calor que hace?.
Os contaré una historia refrescante... o no tanto.
Esta tarde fui a bañarme en la parcela de un amigo, la piscina no es gran cosa, no tiene césped y te pinchas con las piedrecitas al salir del agua, su perro es un mastín que cada vez que se sacude te llena de babas y ladra hasta a las mariposas, pero la verdad es que este chico siempre sabe como entretenerme.
175 cm de altura, 90kg de peso. Ojos verdes. Pelo oscuro y barba densa.
Brazos musculosos, pequeña barriga. Sonrisa de anuncio. Lengua del pecado.
"Pero, ¿qué haces? Suéltame ya, que seguro que el agua está muy fría."
Y en tus brazos, rumbo a la piscina me evitaste el camino de piedrecitas y las babas de Gus.
Abrí los ojos y allí estabas, persiguiéndome por esa minúscula piscina. Me agarraste por la cintura y subimos a la superficie. A tres escasos centímetros nuestras bocas, notaba tu respiración agitada, notaba como pegabas tu pecho al mío, notaba... lo notaba.
Y tu mano descendió hacia mi trasero, sin que pareciera estorbarle la goma del bikini entró directo.
Recuerdo como besabas mi cuello. La ausencia de esponja en ese bikini dejaba que se remarcara claramente la silueta de mis pezones, que suavemente besaste, sin perder ni un momento mientras buscabas la tira que colgaba en mi espalda y desabrochaba la parte de arriba.
Bañarse desnuda en una piscina es algo excitante.
Me subiste a la escalera y posando mis piernas sobre tus hombros te acercaste con una sonrisa traviesa.
"Vamos a merendar."
Comenzaste realizando pequeños círculos con tu nariz sobre mi clítoris mientras tu lengua acariciaba suavemente mis labios. Poco a poco fui sintiendo más tu lengua. Te sentía más cerca, más dentro.
Tanto pude gemir que me agarraste por el trasero y me metiste derecha a la piscina para que dejara de hacer ruido...
Y la verdad es que no soy una persona que aguante mucho la respiración debajo del agua, así que con un movimiento de cejas y una ligera sonrisa te invité a sentarte en la escalera.
Tan mojada y tan erecta comencé a besarla mientras te miraba de reojo (me encanta ver la cara de placer que pones).
Rodeaba con mis labios el glande mientras me ayudaba de las manos para masturbarte muy suavemente...
"Más rápido" dijiste.
Pero no pensaba seguir con las manos, con mi boca me bastaba.
Y fuiste tú mismo el que tuviste que meterte a la piscina para dejar de gemir esa vez.
Pero el tiempo pasa, y es ya tarde. Ahora estoy sola y con sueño,
Y este maldito tanga sintiendo envidia de la camiseta acabará en el suelo, empapado.
Buenas noches, dulces sueños.
El tanga parece que por el momento está sequito y en su sitio.
Típica noche es ésta, me parece a mí. Como la de más de alguno de vosotros. ¿Nadie está tirado en la cama, con el móvil en la mano y queriendo morir de tanto calor que hace?.
Os contaré una historia refrescante... o no tanto.
Esta tarde fui a bañarme en la parcela de un amigo, la piscina no es gran cosa, no tiene césped y te pinchas con las piedrecitas al salir del agua, su perro es un mastín que cada vez que se sacude te llena de babas y ladra hasta a las mariposas, pero la verdad es que este chico siempre sabe como entretenerme.
175 cm de altura, 90kg de peso. Ojos verdes. Pelo oscuro y barba densa.
Brazos musculosos, pequeña barriga. Sonrisa de anuncio. Lengua del pecado.
"Pero, ¿qué haces? Suéltame ya, que seguro que el agua está muy fría."
Y en tus brazos, rumbo a la piscina me evitaste el camino de piedrecitas y las babas de Gus.
Abrí los ojos y allí estabas, persiguiéndome por esa minúscula piscina. Me agarraste por la cintura y subimos a la superficie. A tres escasos centímetros nuestras bocas, notaba tu respiración agitada, notaba como pegabas tu pecho al mío, notaba... lo notaba.
Y tu mano descendió hacia mi trasero, sin que pareciera estorbarle la goma del bikini entró directo.
Recuerdo como besabas mi cuello. La ausencia de esponja en ese bikini dejaba que se remarcara claramente la silueta de mis pezones, que suavemente besaste, sin perder ni un momento mientras buscabas la tira que colgaba en mi espalda y desabrochaba la parte de arriba.
Bañarse desnuda en una piscina es algo excitante.
Me subiste a la escalera y posando mis piernas sobre tus hombros te acercaste con una sonrisa traviesa.
"Vamos a merendar."
Comenzaste realizando pequeños círculos con tu nariz sobre mi clítoris mientras tu lengua acariciaba suavemente mis labios. Poco a poco fui sintiendo más tu lengua. Te sentía más cerca, más dentro.
Tanto pude gemir que me agarraste por el trasero y me metiste derecha a la piscina para que dejara de hacer ruido...
Y la verdad es que no soy una persona que aguante mucho la respiración debajo del agua, así que con un movimiento de cejas y una ligera sonrisa te invité a sentarte en la escalera.
Tan mojada y tan erecta comencé a besarla mientras te miraba de reojo (me encanta ver la cara de placer que pones).
Rodeaba con mis labios el glande mientras me ayudaba de las manos para masturbarte muy suavemente...
"Más rápido" dijiste.
Pero no pensaba seguir con las manos, con mi boca me bastaba.
Y fuiste tú mismo el que tuviste que meterte a la piscina para dejar de gemir esa vez.
Pero el tiempo pasa, y es ya tarde. Ahora estoy sola y con sueño,
Y este maldito tanga sintiendo envidia de la camiseta acabará en el suelo, empapado.
Buenas noches, dulces sueños.
lunes, 6 de julio de 2015
Examen final
Lunes por la tarde.
6 de Julio.
40º C en la sombra.
Biblioteca.
Se acerca el último examen.
Visto así no suena nada apetecible, ¿verdad?
La sala estaba prácticamente vacía, las mesas llenas de botes de cocacola y redbull y entre los pocos que éramos apenas se atisbaba una leve sonrisa... o si.
Al fondo de la sala un chico con los cascos puestos enchufados al ordenador movía la cabeza ligeramente al son de una música que mi cabeza imaginaba. Sin darme cuenta fui acercándome a aquella mesa, hasta sentarme justo delante suyo.
"Hola" fue la palabra que insinué con mis labios mientras miraba fijamente esos profundos ojos.
De respuesta recibí una sonrisa, y un ligero aroma muy dulce fruto de la mezcla de mi desodorante de hombre favorito (Axe Chocolate) y un olor corporal que, ya me parecía a mí, no iba a dejar hueco a la concentración esa tarde.
Cogí mis rastas y me hice un moño, me puse las gafas y me coloqué el sujetador (no hay nada que me moleste más mientras estudio que un aro mal colocado). Justo fue cuando observé como me miraba las tetas el chico. Su mirada recorrió mis manos, mi escote, mi cuello y finalmente se encontró con una sonrisa pícara y un guiño que, a juzgar por el rubor de sus mejillas, no se esperaba.
Pasé sutilmente las páginas del libro que no pensaba leer. Cogí la botella de agua que casualmente no acerté a beber bien, dejando escurrir una gota por mis labios que descendió por mi cuello hasta llegar a mi escote. La sequé ligeramente con mis dedos y suspirando lo miré y pudo leer en mis labios "qué calor ¿verdad?".
Y señalando para la puerta le invité a que me acompañara.
Me levanté, notando como los pantalones se habían adaptado perfectamente a mi silueta gracias al calor y, por supuesto, al tanga.
Noté su presencia siguiéndome a lo largo del pasillo, pero al llegar a la puerta de salida me giré, me acerqué todo lo que pude a él, pegando mis tetas a su pecho, dejando un ángulo perfecto para que no se perdiera ni un detalle de mi escote y le susurré al oído "Tengo el método perfecto para acabar con este calor".
Entré al baño mientras él, desde la puerta me miraba con una mirada que mezclaba miedo y ganas.
Agarré su camiseta y lo traje frente a mí.
Cerré el seguro y noté sus manos acariciando mi cuello.
"Con esas manos tan calientes es mejor que toques otro sitio."
Besaba tan bien que apenas me di cuenta como acariciándome la espalda llegó hasta el broche del sujetador. Antes de que me diera cuenta ya no llevaba puesta camiseta y él agarraba con fuerza mis tetas mientras me daba pequeños mordisquitos en el cuello.
Se quitó la camiseta.
"Ahora me toca a mí desabrocharte algo".
Y bajé hasta sus pantalones, besando la barriga fui desabrochando uno a uno los botones de sus pantalones.
Besaba suavemente el calzoncillo, notando la erección mientras él me deshizo el moño y me acariciaba la cabeza.
Agarré la goma del boxer y tiré para abajo, dejando caer su polla sobre mi nariz, jugando con ella con mis labios.
"Shh, no suspires tan fuerte, no quisieran que me echaran de la biblioteca a un día de terminar el curso".
Su cara reflejaba un intenso placer mientras jugaba con mi lengua. Él acompañaba los movimientos de mi cabeza con sus manos y disfrutaba al ver el bote de mis tetas.
Me levanté y me quité los pantalones, le obligué a sentarse en la taza del baño y me senté a horcajadas encima de él, mientras azotaba su cara con mis pechos
"No estás estudiando nada, eres un niño muy malo".
Agarró mis nalgas y las azotó. Mientras, con el movimiento de mis caderas comenzó a notar como mis muslos empezaban a humedecerse.
Ladeó mi tanga, empapado e introdujo dentro de mí sus dedos.
Mordía mis pezones, me azotaba y agarraba fuerte y me envestía contra la puerta, lo notaba dentro.
Mis piernas se agarraban al rededor de su cintura y mis uñas arañaban su espalda.
De rodillas y con cara de niña buena le miré con la boca abierta.
"Anda, quítame el calor."
Y lo sentí caer, en mi boca, caliente.
Seguidamente me sentó en el baño, puso mis piernas sobre sus hombros y me hizo llegar al cielo.
Salimos del baño. Nadie se había percatado, pues hasta el de seguridad estaba medio dormido mirando su tablet.
"Cuando quieras hacemos un descanso"
Dije, sentándome de nuevo delante suyo, mordiéndome sensualmente el labio, acariciándome sutilmente el escote.
"Cuando quieras".
Sonrisa. Aroma. Cascos puestos. Me siento preparada para esta larga tarde de estudio.
6 de Julio.
40º C en la sombra.
Biblioteca.
Se acerca el último examen.
Visto así no suena nada apetecible, ¿verdad?
La sala estaba prácticamente vacía, las mesas llenas de botes de cocacola y redbull y entre los pocos que éramos apenas se atisbaba una leve sonrisa... o si.
Al fondo de la sala un chico con los cascos puestos enchufados al ordenador movía la cabeza ligeramente al son de una música que mi cabeza imaginaba. Sin darme cuenta fui acercándome a aquella mesa, hasta sentarme justo delante suyo.
"Hola" fue la palabra que insinué con mis labios mientras miraba fijamente esos profundos ojos.
De respuesta recibí una sonrisa, y un ligero aroma muy dulce fruto de la mezcla de mi desodorante de hombre favorito (Axe Chocolate) y un olor corporal que, ya me parecía a mí, no iba a dejar hueco a la concentración esa tarde.
Cogí mis rastas y me hice un moño, me puse las gafas y me coloqué el sujetador (no hay nada que me moleste más mientras estudio que un aro mal colocado). Justo fue cuando observé como me miraba las tetas el chico. Su mirada recorrió mis manos, mi escote, mi cuello y finalmente se encontró con una sonrisa pícara y un guiño que, a juzgar por el rubor de sus mejillas, no se esperaba.
Pasé sutilmente las páginas del libro que no pensaba leer. Cogí la botella de agua que casualmente no acerté a beber bien, dejando escurrir una gota por mis labios que descendió por mi cuello hasta llegar a mi escote. La sequé ligeramente con mis dedos y suspirando lo miré y pudo leer en mis labios "qué calor ¿verdad?".
Y señalando para la puerta le invité a que me acompañara.
Me levanté, notando como los pantalones se habían adaptado perfectamente a mi silueta gracias al calor y, por supuesto, al tanga.
Noté su presencia siguiéndome a lo largo del pasillo, pero al llegar a la puerta de salida me giré, me acerqué todo lo que pude a él, pegando mis tetas a su pecho, dejando un ángulo perfecto para que no se perdiera ni un detalle de mi escote y le susurré al oído "Tengo el método perfecto para acabar con este calor".
Entré al baño mientras él, desde la puerta me miraba con una mirada que mezclaba miedo y ganas.
Agarré su camiseta y lo traje frente a mí.
Cerré el seguro y noté sus manos acariciando mi cuello.
"Con esas manos tan calientes es mejor que toques otro sitio."
Besaba tan bien que apenas me di cuenta como acariciándome la espalda llegó hasta el broche del sujetador. Antes de que me diera cuenta ya no llevaba puesta camiseta y él agarraba con fuerza mis tetas mientras me daba pequeños mordisquitos en el cuello.
Se quitó la camiseta.
"Ahora me toca a mí desabrocharte algo".
Y bajé hasta sus pantalones, besando la barriga fui desabrochando uno a uno los botones de sus pantalones.
Besaba suavemente el calzoncillo, notando la erección mientras él me deshizo el moño y me acariciaba la cabeza.
Agarré la goma del boxer y tiré para abajo, dejando caer su polla sobre mi nariz, jugando con ella con mis labios.
"Shh, no suspires tan fuerte, no quisieran que me echaran de la biblioteca a un día de terminar el curso".
Su cara reflejaba un intenso placer mientras jugaba con mi lengua. Él acompañaba los movimientos de mi cabeza con sus manos y disfrutaba al ver el bote de mis tetas.
Me levanté y me quité los pantalones, le obligué a sentarse en la taza del baño y me senté a horcajadas encima de él, mientras azotaba su cara con mis pechos
"No estás estudiando nada, eres un niño muy malo".
Agarró mis nalgas y las azotó. Mientras, con el movimiento de mis caderas comenzó a notar como mis muslos empezaban a humedecerse.
Ladeó mi tanga, empapado e introdujo dentro de mí sus dedos.
Mordía mis pezones, me azotaba y agarraba fuerte y me envestía contra la puerta, lo notaba dentro.
Mis piernas se agarraban al rededor de su cintura y mis uñas arañaban su espalda.
De rodillas y con cara de niña buena le miré con la boca abierta.
"Anda, quítame el calor."
Y lo sentí caer, en mi boca, caliente.
Seguidamente me sentó en el baño, puso mis piernas sobre sus hombros y me hizo llegar al cielo.
Salimos del baño. Nadie se había percatado, pues hasta el de seguridad estaba medio dormido mirando su tablet.
"Cuando quieras hacemos un descanso"
Dije, sentándome de nuevo delante suyo, mordiéndome sensualmente el labio, acariciándome sutilmente el escote.
"Cuando quieras".
Sonrisa. Aroma. Cascos puestos. Me siento preparada para esta larga tarde de estudio.
domingo, 8 de marzo de 2015
Si. Pero no.
Hoy no voy a expresar nada.
O sí.
Me quedaré callada.
Pero dejadme decir,
que yo no estoy atada.
Yo decidí sentir.
O no.
De mis labios.
O de su ausencia.
¿Por qué tengo la necesidad de escribir la palabra 'indiferencia'?
Me duele.
¿La indiferencia? No, por dios.
Es solo que me aprieta el sujetador.
Y ya.
Ya se acabó.
¿Cómo poner fin a lo que nunca comenzó?
Pues si. Es así.
Pero ya no.
jueves, 22 de enero de 2015
Diario de C. P. R. 22/01/2015
Hay días que empiezan mal. Ya a eso de las 0:00. Pero esos días siempre tienen algo bueno...
Amanece y llevo un par de horas despierta.
Mirando al techo.
Veo como pasa minuto a minuto el despertador.
Lo último que recuerdo es ver justo 15 minutos antes de la hora de la alarma.
Ahí está.
¿Café?
Sí, gracias.
A penas me puedo mover.
Mi cuerpo dice "basta".
¿Basta? Eso díselo al cerebro.
Ya no quiero, pero sí puedo.
Y como querer es poder, no querer es... Poder.
y Joder.
No puedo más.
Pero ya, joder, ya está bien de tanta queja.
La cabeza bien alta.
Casi tanto como el cuello de la chaqueta.
Llueve.
Duele.
Pero creces.
Paso a paso.
Avanzas o retrocedes.
Pero no pares.
A veces lo importante es simplemente moverse.
Buscar algo más.
No conformarse.
Que no se atrofien tus músculos.
Que no se atrofie tu espíritu.
Sonrisa, no falsa.
Pero no sincera.
No sé, solo lo hago. Me sale al verla.
Un brindis por las sonrisas arrancadas de oreja a oreja.
Un brindis por aquellas cosas que son pequeñas.
Y grandes.
Pero llueve.
Llueve.
El diluvio universal.
Tú me entiendes.
Y entonces, cuando ya se va.
Se va.
¿Querías algo espectacular?
Eso es solo en las películas.
Ya está bien.
A dormir.
A soñar.
A volverse a despertar.
Te espero mañana.
Yo y mis labios.
No tardes, me apetece sonreír.
Amanece y llevo un par de horas despierta.
Mirando al techo.
Veo como pasa minuto a minuto el despertador.
Lo último que recuerdo es ver justo 15 minutos antes de la hora de la alarma.
Ahí está.
¿Café?
Sí, gracias.
A penas me puedo mover.
Mi cuerpo dice "basta".
¿Basta? Eso díselo al cerebro.
Ya no quiero, pero sí puedo.
Y como querer es poder, no querer es... Poder.
y Joder.
No puedo más.
Pero ya, joder, ya está bien de tanta queja.
La cabeza bien alta.
Casi tanto como el cuello de la chaqueta.
Llueve.
Duele.
Pero creces.
Paso a paso.
Avanzas o retrocedes.
Pero no pares.
A veces lo importante es simplemente moverse.
Buscar algo más.
No conformarse.
Que no se atrofien tus músculos.
Que no se atrofie tu espíritu.
Sonrisa, no falsa.
Pero no sincera.
No sé, solo lo hago. Me sale al verla.
Un brindis por las sonrisas arrancadas de oreja a oreja.
Un brindis por aquellas cosas que son pequeñas.
Y grandes.
Pero llueve.
Llueve.
El diluvio universal.
Tú me entiendes.
Y entonces, cuando ya se va.
Se va.
¿Querías algo espectacular?
Eso es solo en las películas.
Ya está bien.
A dormir.
A soñar.
A volverse a despertar.
Te espero mañana.
Yo y mis labios.
No tardes, me apetece sonreír.
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